“…la cuestión es lograr un cambio radical en la manera en la que vemos las relaciones humanas, intentando influenciar la conciencia del hombre a darle nuevos ideales, luchando contra la indiferencia e incomprensión; despertar en el espíritu del hombre un sentido de gratitud hacia otros hombres.

(…) Si deseamos darles a los niños conocimiento del mundo material y real, nada puede ser más significativo y exacto que la imagen del árbol que es la solidaridad humana, con raíces en un pasado distante y extendiendo sus ramas hacia la eternidad, mientras vivimos el segundo infinitesimal que se le asignó a la vida humana.”

María Montessori, Conferencias de San Remo, 1949

 

Bautizado como el “Mes de la Solidaridad”, agosto se ha convertido, con el paso de los años, en una verdadera invitación a ser generosos con quienes viven en condiciones de pobreza. La fecha no es casualidad. El 18 de agosto de 1952 falleció el Padre Alberto Hurtado, figura inspiradora en el ámbito social y espiritual para miles de chilenos, quien dejó  como legado eso que algunos llaman su milagro cotidiano: el Hogar de Cristo.

Para conmemorar esta fecha, el Parlamento Chileno instauró el “Día de la Solidaridad”

Una de las explicitaciones más profundas de la solidaridad en Chile, se encuentra en la frase de Alberto Hurtado “dar hasta que duela”.

¿Por qué el padre Alberto Hurtado se nos presenta, a nivel nacional, como paradigma de solidaridad?

Este chileno reconocido como modelo de vida para el mundo cristiano, pudo interiorizar un aspecto fundamental de la relación humana: captar en el otro la misma plenitud de vida que se expresa en un encuentro con lo sagrado. En una lluviosa y fría noche vio como un mendigo no tenía donde protegerse y abrigarse. Con esta persona pudo establecer una relación humana y no dudó en entregarle su propio abrigo. Al mirarlo lo hizo con amor, porque vio en él algo más grande que su persona. Como creyente vio a Cristo en ese hombre, e hizo suya la parábola del Buen Samaritano comportándose como prójimo, practicando la misericordia. Su conducta no se limitó a la limosna, sino que implicó la denuncia de la injusticia y la construcción de una institución solidaria para cobijar a los cientos de personas que no tenían lo mínimo para subsistir, creando el Hogar de Cristo.

Este ejemplo de vida nos muestra que la solidaridad implica vivenciar la cooperación y la compasión hacia otros seres humanos. Es empatizar con el sufrimiento de los otros y generar acciones para contribuir a su alivio, sin esperar nada a cambio. Así, podemos evidenciar que la solidaridad es el valor que enriquece el espíritu, porque cuando servimos a los otros, vemos la posibilidad que se nos presenta para construir un mundo mejor, un mundo más humano.

María Montessori entendía esto y creía firmemente que la cooperación y la solidaridad eran el camino para la paz que tanto anhelamos.

Desde esta perspectiva es que la solidaridad, expresada en nuestro proyecto educativo desde diversos ámbitos (trabajo colaborativo, acción social, entre otros), es un valor que se debe reforzar en el corazón de los niños desde que son muy pequeños, buscando formar jóvenes sensibles, preocupados de su entorno generosos, constructores de la paz y líderes en el servicio a los demás.

Como comunidad educativa, creemos que es importante reflexionar sobre este valor. Para ello, les proponemos conversar en familia sobre lo que es para cada uno y cada una la solidaridad y cómo ponerla en práctica, como vivirla cada día.

Algunas claves para promover la solidaridad en la familia

Uno de los ámbitos donde es más necesario este valor es en la familia, debido a que es nuestro ambiente más cercano y con quienes, por lo general, pasamos la mayor cantidad de tiempo. 

  • El tiempo en familia es una oportunidad importante para compartir y crear buenos recuerdos juntos. Quizás este mes sería propicio poder conversar sobre la solidaridad en el ambiente familiar, definiendo principalmente lo que es la solidaridad y mostrando la importancia de aplicarla constantemente en nuestro entorno.

  • Promover la solidaridad en casa, entender que la familia es un equipo, a veces somos más amables con las personas fuera de nuestra casa, promover conversaciones en las que nos interesemos por cómo están los demás, fomentar que todos contribuyan con sus tareas a la buena marcha del hogar e incluso promover que tengamos detalles con los demás “de casa” es una forma interesante de construir la solidaridad en familia.

 

Patricia Varela Solís y Eduardo López Muñoz

Departamento de Filosofía y Espiritualidad